RECUERDAME

 

Llegará el día cuando mi cuerpo sin vida descanse bajo las blancas sábanas de un hospital de vivos y moribundos. Ese día mi médico dirá que ya mi cerebro no funciona y que para todo propósito mi vida real ha terminado.

Cuando eso ocurra, no trates de dar vida artificial a mi cuerpo con una máquina más. Ni llames a éste mi lecho de muerte, llámalo mi lecho de vida y permite que mi cuerpo sea tomado de este lecho para darle vida a otros.

Dale mi vista a una persona que jamás haya visto una puesta del sol, la cara de un niño, o el amor en los ojos de su amada. Da mi corazón a aquel cuyo corazón tan solo le ha causado días interminables de agonía. Regala mi sangre al que pueda llegar a ver a sus nietos jugar. Da mis riñones a aquel que depende de una máquina para poder existir de semana en semana. Dona mis huesos, cada músculo, cada fibra y nervio de mi cuerpo para que aquel niño lisiado pueda volver a caminar.

Explora cada rincón de mi cerebro. Toma mis células y estúdialas de manera que algún día aquel niño mudo pueda gritar en sus juegos y aquella niña pueda oir el sonido de la lluvia contra su ventana.

De lo que quede, quémalo y dispersa mis cenizas a los vientos para que ayuden las flores a crecer.

Si queda algo para enterrar que sean mis faltas, debilidades y perjuicio contra los semejantes.

Y si desean recordarme que sea con un gesto bueno o con una palabra al necesitado. Si lo haces así como yo lo pido, viviré para siempre.

 

ROBERT N. TEST

Cincinnati Post

Fuente:

Junta de Disposición de Cuerpos

Organos y Tejidos Humanos de Puerto Rico

 

Subir